Estaba cuando menos difícil la misión de encontrar a la figura del hemisferio "decano", por la paridad negativa que mostraban todos. Porque, mal que le pese a los resultadistas, la cruda verdad es que Atlético era una lágrima en el primer tiempo: no le encontraba la vuelta al asunto y se veía dominado por un San Martín irreverente.

Hasta que aparecieron ellos: Sebastián Longo primero, para cambiarle la cara al partido, y Carlos Fondacaro después, para sentenciarlo con un golazo que se quedará a vivir un buen rato en las retinas "decanas", y que será uno de los tópicos fuertes en las conversaciones futboleras de entresemana. A lo Messi: hizo la diagonal por la derecha, se perfiló para la zurda y con un chumbazo la puso allá, lejos de la voluntad de Lucas Hoyos.

"Sí, fue uno de los mejores goles que hice", admitió el autor de la joyita del domingo. "No sólo porque fue lindo, sino también por el rival. Yo me siento muy identificado con esta camiseta, así que estoy muy feliz de haberle podido regalar este gol a la gente", explicó a la salida del vestuario.

Nobleza obliga. Hay que aclarar: lo que fue un final feliz para el lateral derecho, comenzó siendo una pesadilla: sus proyecciones ofensivas sumaron kilómetros de más en el primer tiempo y Marcelo Mosset terminó salvándole la espalda en más de una ocasión frente a los piques punzantes de Gustavo Ibáñez. Y "Fonda" no se anduvo con eufemismos a la hora de reconocerlo: "mi partido hasta antes del gol era muy malo. Sé que no estaba haciendo las cosas bien, pero después vino el gol y todo cambió", apuntó con sonrisa indeleble.

En estos arranques de fantasía salidos de quién sabe dónde, es necesario indagar. ¿Le apuntaste ahí, Fonda?

"Y... No sé si le apunte justo ahí, pero me quedó para que le pegara", se sinceró el autor del gol, que terminó con la incertidumbre.

Haya habido voluntad o no, lo cierto es que fue un golazo. Y que el muchacho de cresta platinada ya se merece su propio villancico tribunero.